martes, 19 de mayo de 2009

"TODO LO HUMANO ES NUESTRO"


José Carlos Mariátegui nació el 14 de julio de 1894, en Monquegua, ocho meses antes del levantamiento de Piérola en Lima, ciudad en la que falleció el 16 de abril de 1930, a causa de una infección en la pierna de la que no le salvó la amputación de la misma.

Su padre, don Francisco Javier Mariátegui y Requejo, era nieto de un liberal de la República: Francisco Javier Mariátegui y Tellería, secretario del primer Congreso Constituyente de Perú, tribuno, periodista y escritor.

Desde niño, Mariátegui tuvo problemas de salud y se quedó cojo. Sus amigos le llamaban “El cojito Mariátegui”.

El reposo al que le obligaba su enfermedad desató su afición por la lectura y un fuerte autodidactismo, muy útil, porque debido a la situación económica de la familia a los 15 años empezó a trabajar.

Gracias a un amigo anarquista que trabajaba en “La Prensa”, Mariátegui entró en el periódico como mozo. Sin embargo, pronto se gana el interés y la amistad de su director, Alberto Ulloa Cisneros quien le da una oportunidad como corrector de pruebas hasta que en 1911 publica su primer artículo.

Estos primeros artículos son firmados bajo el seudónimo de “Juan Croniqueur.

Al poco tiempo es nombrado cronista parlamentario y empieza a relacionarse con políticos importantes.

Entonces comienzan las tertulias literarias junto a sus compañeros periodistas Abraham Valdelomar, César Falcón y Félix del Valle.

En uno de esos encuentros, Valdelomar les propone unirse al lanzamiento de “Colónida”, revista modernista de combate. Por aquellos años adolescentes, José Carlos se veía influido por el decadentismo y el bizantinismo de fin de siglo. En el tercer número de” Colónida” publicó tres sonetos de su libro “Tristeza”, inédito.

En 1919, Mariátegui conoce a Víctor Raúl Haya de la Torre y funda el diario “La Razón” junto con sus compañeros de “El tiempo”, César Falcón y Humberto de Aguila.

La Revolución Rusa acentúa su interés social y en este nuevo diario se dedicará a defender la causa obrera.

En 1919 Leguía le propone un “cargo fantasma” con la intención de sacárselo de encima. Este cargo consiste en ser “agente de propaganda periodística” en Italia.

José Carlos lo aceptó y fue muy criticado por amigos y coetáneos, sin embargo, él mismo sabía que dada su incompleta formación autodidacta, tenía una excelente oportunidad para prepararse mejor en Europa.

De hecho, a esta etapa anterior a Europa la llama su “Edad de piedra”.

La primera ciudad que visitó fue París, donde profundizó en la obra y las ideas pacifistas de Barbusse.

Más tarde, en Italia conoce a la que será su mujer y su religiosidad se acentúa tras el nacimiento de su primer hijo, Sandro.

Viajó a Alemania, que por aquel entonces, había un gran movimiento socialista, también por Praga y Viena. Quiso visitar Rusia pero la enfermedad de su hijo y la economía austera se lo impidió.

En marzo de 1923 regresa a Lima y sigue con su actividad literaria y periodística.

En 1926 funda la revista Amauta donde aplica su marxismo y la experiencia europea a solventar cuestiones exclusivas de Perú.

La revista ganó prestigio internacional.



El 7 de Octubre de 1928, ya distanciado de Haya de la Torre por la actuación del APRA, Mariátegui funda el Partido Socialista del Perú(PSP), es una mecla de aprismo y comunismo, según Rivas de la Torre. Mariátegui es elegido secretario general y en 1929 funda la Confederación General de Trabajadores del Perú.


Sin embargo, su enfermedad en la pierna se recrudece en el 30 y el 16 de abril de este año fallece rodeado de los suyos en la Clínica Villarán.




EL PROCESO LITERARIO

José Carlos Mariátegui desarrolló unos estudios en el ámbito del análisis literario bastante importantes, basados en la filosofía, el psicoanálisis, la antropología, la historia y la teoría mítica soreliana, siempre partiendo del trasfondo del marxismo.

Como podemos ver , Mariátegui parte de disciplinas muy diversas; por este motivo, se ha dado en llamar a su método de análisis “eclectomarxismo”. Explica que “El espíritu de un hombre es indivisible.”.

Sus ensayos fueron publicandose a partir de 1926 en la revista “Amauta” que él mismo había fundado. Un dato curioso es que las ediciones de los “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”-a partir de la tercera- se publican sin los párrafos existentes en la primera edición de 1928, donde Mariátegui, aunque realiza una crítica exhastiva, también expresaba coincidencias con Victor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA.

En su ensayo “El proceso literario”, hace comparecer a diferentes autores peruanos, juzga su filiación, su aportación artística. El arte, para él, es una expresión de la sociedad, por ello también realiza una división cronológica de las distintas épocas de la literatura peruana diferenciando entre periodo colonial, periodo cosmopolita

( aportaciones literarias extranjeras) y periodo nacional.

Esta concepción estética se encuadra dentro del movimiento ideológico nacionalista-democrático que surge a partir de los años 20 del siglo pasado. Dicho movimiento busca la reafirmación del carácter nacional, propio, del arte y de la literatura de una nación.

Para Mariátegui es importante el concepto de “realismo” en un sentido revolucionario, lo que hace ver la historia literaria en concreto y la humana en general, desde un punto de vista evolutivo y reformista.

De este tipo de realismo socialista se nutre su adversión a lo colonial y oligárquico: La literatura colonial no podía considerarse peruana sino una copia o continuación tardía y estancada de la española, “ La flaqueza, la anemia, la flacidez de nuestra literatura colonialista provienen de su falta de raíces.”.

Mariátegui no se ensaña con lo español, para él, la literatura española ha pasado por una serie de etapas que la han hecho evolucionar, conformarse y enriquecerse. La literatura de las naciones europeas cuenta con una tradición popular, una raíz lírica y épica sobre la que se van construyendo sus grandes obras.

Sin embargo, sostiene que en el caso de la literatura latinoamericana- en concreto está hablando de Perú-, ese desarrollo se ha visto cercenado tras la “conquista”.

Esas raíces indígenas no siguieron su curso y se realizó un “injerto” conocido como literatura virreinal.

Mariátegui destaca que el idioma es un elemento unificador y creador primordial de la literatura. En la última de sus etapas, la nacional, la literatura peruana está escrita en español, por lo que no oculta el carácter que esta literatura y esa nación sean de “filiación española”.

Por otra parte, deja muy claro que “La literatura de los españoles de la Colonia no es peruana; es española.”.

Esta situación se mantiene incluso durante la República, pues los literatos viven al margen del pueblo, del Inkario y buscan temas y modelos españoles. Pone el ejemplo de Luis Benjamín Cisneros, quien escribe la “Elegía a la muerte de Alfonso XII”.

Tras los epígrafes dedicados a la literatura colonial de un modo genérico, nos presenta otro: “Ricardo Palma, Lima y la Colonia.”. Aunque se ha tildado a Palma de escritor colonialista, para Mariátegui esto es un encasillamiento superficial.

Sus “Tradiciones” no son una exaltación de la Colonia, su visión de la misma es “Cruda y viva”, utiliza la ironía para hablar de la Iglesia y la nobleza opresoras.

Esta misma ironía es usada por Mariátegui pocos párrafos después, cuando nombra a Federico More y critica su mala opinión de Palma.

Ahora encabeza un nuevo epígrafe con la figura de “González Prada”, cuya obra debe enmarcarse en un periodo de transición de lo colonial a lo cosmopolita.

González Prada tenía una gran cultura europea, por la que se sentía influenciado, lo que se refleja en sus “Páginas libres” y en “Horas de lucha”. Según Mariátegui, en su prosa encontramos el germen del espíritu nacional peruano.

Manuel González Prada abogaba por la tradición popular y denunciaba el colonialismo. Su pensamiento es racionalista y esto supone un avance hacia el cosmopolitismo literario.

El sexto epígrafe de su ensayo habla de Mariano Melgar. Llegado este punto precisa una distinción entre la literatura serrana y la costeña. La literatura limeña es un “producto urbano”. Es la capital de la hegemonía, aunque lo indígena no le es ajeno.

Melgar es limeño y, por lo tanto, adepto al Romanticismo venido de Europa. Sin embargo, este romanticismo suyo no es mera imitación sino espontáneo. Melgar también murió joven y quizá, asegura Mariátegui, con la madurez su trayectoria literaria habría evolucionado favorablemente hacia lo indígena.

El epígrafe séptimo es una monografía sobre Abelardo Gamarra, cuya obra había sido despreciada por la crítica del momento.

Gamarra presta atención a las provincias y en su prosa encontramos ecos indígenas. Su obra tiene un ideal más allá del costumbrismo satírico.

En el epígrafe octavo presenta la figura de José Santos Chocano.

Su poesía es exuberante como se aprecia en “Alma América” pero el lenguaje artificioso que utiliza está heredado del Barroco y del Romanticismo español. En contraposición, el espíritu inkaico destaca por su sobriedad.

Mariátegui matiza que su poesía está cargada de un fuerte individualismo egoísta ajeno a lo popular.

El noveno epígrafe avanza en su catalogación de literatos con Riva Agüero y su influencia en la generación futurista.

El futurismo peruano surge en el marco del gobierno de Piérola apartir de 1895.

Se tildaban de “civistas” y “demócratas”, el anarquismo había quedado a un lado durante la posguerra y el futurismo se hizo eco en la prensa, teniendo una buena acogida.

Su lider más destacado fue, sin duda. Riva Agüero.

Para mariátegui, una característica de los futuristas es su “pasadismo”. Los futuristas, igual que los románticos, idealizan el pasado.

Pero los futuristas en general y Riva agüero en particular, se centran en el Virreinato.

Por este motivo, vuelve de nuevo una etapa literaria colonialista, en la que se acentúan el centralismo y conservatismo anterior.

Esta literatura “teñida de moderniso” es en realidad completamente tradicionalista.

El epígrafe décimo invoca a la creación de la revista“Colónida” y Valdelomar, a quien Mariátegui se siente próximo en sus ideas.

Colónida es una rebelión contra la oligarquía academicista y consaervadora.

La revista de Valdelomar da nombre a lo que va a convertirse en un movimiento constituido, por otra parte, por adolescentes y por lo tanto breve.

Reverenciaban a González Prada y a Eguren.. Más tarde, Valdelomar y Mariátegui fueron evolucionando de ese individualismo y rebeldía apolíticos, y en el caso de Valdelomar see acentuó su humorismo.

En el capítulo Once, titulado “Nuestros independientes” , repasa la creación de diferentes revistas posteriores en las que la figura de Eguren fue esencial. Estas revistas son “Contemporáneos” y “Cultura”.

LA primera es exclusivamente literaria y dominada por el modernismo en la que los literatos se unen y adelantan lo que será “Colónida”.

EN el epígrafe doce Mariátegui se explaya con Eguren, al que califica como “poeta de la infancia”, lleno de originalidad en sus obras.

Eguren es el precursor del cosmopolitismo literario.

También lo compara con Rubén Darío pero este último resulta más europeizado.

Eguren habla de la naturaleza y la infancia. De una forma completamente propia.

El siguiente epígrafe está dedicado a Alberto Hidalgo.

Lo primero que apunta es su postura antitética a todo lo que significó “Colónida”.

Mariátegui lo tilda de “provinciano”, pero también es “un poeta del idioma”, de lenguaje “simlista”.

El capítulo trece analiza la obra de Cesar Vallejo, por quien siente una gran admiración y destaca su sentimiento indígena, más allá del simbolismo. Destaca su pesimismo, nostalgia y ausencia enraizada con las penalidades del indio.

El siguiente capítulo es para Alberto Guillén, heredero de la generación colónida, por su egolatría. Y su exaltación del yo.

La siguiente y más moderna poeta a la que estudia es Magda Portal.

Para él es una mujer llena de vida, luchadora, heredera del espíritu indígena. Además de una visión difeerente de la literatura.

Po eso hace un inciso en su elenco de escritores para hablar de una nueva corriente del momento: El Indigenismo.

Aquí delimita las características de la raza y habla del mestizaje. También de cómo los elementos externos nos influyen.

El indio se ha labrado con el trabajo y las penalidades sufridas.

Luego contibúa hablando de Alcides Spelucín.

Lo compara a Vallejo por su piedad, su ternura y su efusividad, sentimientos muy cristianos que admira.

Mariátegui concluye este ensayo con un “Balance provisorio” en el que reitera que su estudio literario no debe entenderse como historia o crónica.

Él desea destacar los rasgos esenciales de la literatura peruana, una tesis, un ensayo teórico al respecto. De este modo se disculpa de la ausencia deliberada de alguna obra importante.

También hace ver que su estudio está inconcluso, porque los autores contemporáneos de él , lo que llama “La última generación”, están en ese momento realizando su obra y recibían diferentes influencias.

Lo que tiene por seguro es que esa nueva generación supone “la decadencia definitiva del colonialismo”. El indigenismo ha conseguido liberarse del colonialismo por autores de la sierra, de la costa, incluso criollos. Esto supone una unidad nacional y la entrada de la literatura en una nueva fase de cosmopolitismo.

Como dice el Amauta, “Por los caminos universales, ecuménicos, que tanto se nos reprochan, nos vamos acercando cada ve más a nosotros mismos.”


José Carlos Mariátegui, un espíritu alejado de lo mediocre, comprometido y luchador.
Una lección moral de superación y solidaridad.


No hay comentarios: