martes, 26 de mayo de 2009

TRES POEMAS DE VIRGINIA CANTÓ RAMÍREZ




Tras la entrevista del pasado domingo, volvemos a la carga con tres poemas de Virginia Cantó.

Espero que los disfrutéis tanto como yo.



DÍA DEL ESPECTADOR

Para ir al infierno no hace falta
Cambiar de sitio ni postura.
Rafael Alberti

Impares. Fila siete. Las butacas del fondo
que tu elijas
para esperarme, como siempre,
en un cine del centro
viejo y sin el frío
de los cines en mar de los veranos,
de la noche en relente cayendo en nuestro pecho
con rumor de mosquito en reloj veraneante
sin prisa y medias noches en la cena.

Me esperas. Como siempre
las tardes azules en mitad de la semana,
un tumulto difícil donde hallarnos,
una sábana rota en la pantalla
y mirada atónita en ojo de refresco
para juntos renombrar estreno de semanas,
palabras con resaca en el mundo de los vivos
neón y maíz por la tarde acechante.

Para ir al infierno no hace falta
cambiar de sitio ni postura.
Impares fila siete puede ser un buen nicho
de amores furtivos
espectador en responso
y agua siempregrís para los labios.

Me esperas
y llego
deshojándome la piel en los abrigos
de invierno,
con la boca seca y sed en el pecho
de burbuja en gaseosa y dos de hielo
para humedecer el labio traicionero
que nos guarde
al calor de amor en las butacas
centradas del séptimo arte.

Siempre tarde,
las cosas comienzan cuando yo acabo
y un niño lava sus manos de merienda.
Se baja el telón de los guiones
y siempre hay un silencio para un título de crédito,
personajes anónimos, taxidermistas,
luces de neón en Golden Mayer
sin las fauces del león donde encontrarte,
impares, fila siete, asientos diez y once
y tu boca de estrenos y paréntesis
esperando en versión original
subtitulada,
y quizás después las camas de Madrid
nos abracen vacías,
tus verbos de amor en cartelera
para mi cuerpo inerte.

Hablaremos. Y no quedarán palabras que contarnos
sin aceras
en catarsis y sinopsis dos cuerpos desnudos
desmembrando la piel en los fonemas
que tu encuentres para mi, como la tarde,
halle en tu cine su mejor coartada.

Día del espectador.
Regresaré temprano,
en siete días a tu fila siete
en el séptimo arte de tu boca de miércoles.








VOZ DE AYUNO

Cuando me miras
y me regalas París tomando el desayuno
con todo su aguacero y sus paraguas
para mojar mis labios
cuando estoy contigo y se desgrana
un otoño de estaciones en Vivaldi
y me delatas
en un invierno en Roma
con sus columnas congeladas
y tu itálico acento cuando aguardan
las palabras rotas de saliva
en el quicio de tu boca
y me pierdes en Manhattan
cuando exprimes mi zumo
naranja y cielos que rascan la memoria
con sabor de mermelada
y escoges un lienzo a tu azar
y me devuelves
al museo más limpio y repeinado de Inglaterra
con tu voz de soneto
entre Hölderlin y Petrarca
y dos tostadas llamean
en los pasillos inmensos del Metropolitan
con un plano y la voz de tu nuca
para no perdernos en los muros
que aún dividen Berlín y las ciudades,
tu norte, mi sur,
un pasaje octosílabo en clase turista
para tender en Moscú la ropa del invierno.
Y me miras,
y siempre ocurre cuando me miras
que me regalas Madrid con dos de azúcar
en taza pequeña
y un vértigo en Egipto adormecido
para leer a Lope en Argentina
con rumores de mayos y de tangos
extendiendo a Avellaneda en margarinas
con tu voz de oligoelementos
y esencias de miel tan naturales
como el agua en Junio de Ginebra
para juntos descalzarnos en los Alpes
e inventar palabras asonantes
en pentagramas de Mendelssohn.
Cuando me miras,
y me regalas el mundo en un vaso de leche
te siento desnatado más mío que nunca;
sacarina líquida y tu voz de ayuno
es todo cuanto quiero amanecido.









POR TI, SÓLO POR TI, ME HAGO SONETO

En estos tiempos de amor bien medido…

Perfecta la figura consonante,

la cesura en mi mano, tu cadera,

la rima de esta estrofa siempre huera

si encabalga y tú estás distante.

Sin ti, mi vida entera es asonante;

sin tu ritmo alejandrino que acelera

y tu beso en hemistiquios que modera

mi cuerpo que te sueña en cada instante.

Ni una sílaba falta en tu figura;

ni un beso en nuestro labio pareado;

ni un sueño encadenado en un terceto.

Mi voz, ante tu verbo, se apresura;

ante el tuyo, mi pie queda quebrado.

Por ti, sólo por ti, me hago soneto.







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