sábado, 16 de enero de 2010

LA CULTURA DEL DESEMPLEO


EUFEMISMOS EN MEDIOS INFORMATIVOS AUDIOVISUALES

EL DESEMPLEO NO ES CULTURA


Comenzaré por un nuevo eufemismo cuyo uso se ha extendido rápidamente en momentos de crisis económica actual: me refiero a la llamada “Cultura del desempleo”.

¿Qué se esconde tras este sintagma?

A continuación, presento un artículo publicado en un blog sobre economía de Internet. El poder otorgado a los usuarios en el mismo para convertirse en emisores de información, así como para expresar diferentes puntos de vista es enorme, y según creo, ofrece una alternativa a los grandes grupos tanto escritos como televisivos, lo cual puede ayudar a desarrollar una mayor capacidad crítica entre los internautas.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, Internet se ha convertido también en un medio de difusión masiva de palabras y expresiones que inducen a confusión, como la que encabeza el siguiente artículo asociada a otra cargada de significado:

España, la “cultura” del desempleo

Septiembre 1, 2009 ·

Para fomentar el empleo y dinamizar el mercado de trabajo se pueden llevar a cabo dos tipos de políticas activas y pasivas:

  • Las políticas activas abarcan las políticas de formación, reciclaje, movilidad de profesores, formación profesional continua, programas de escuela taller o casas de oficio.
  • Las políticas pasivas son aquellas que ofrecen prestaciones a nivel contributivo y asistencial, subsidios agrarios o políticas de jubilaciones anticipadas.

En la Unión Europea las políticas activas representan el 1,5% del PIB y las pasivas el 2%. En España las activas son menos de la mitad que en Europa, un 0,66% y las pasivas superan la media de la Unión Europea con un 2,14%.

La cultura del desempleo española se ha basado durante años a dar dinero para el desempleo pero no para fomentar el empleo, es decir, “dar pescado en vez de enseñar a pescar” como sucede con las políticas activas y pasivas de empleo.

Ésto es un grave error y las consecuencias no sólo se están pagando en estos momentos sino que el problema será recurrente, como el paso de los años ha dejado ver. Del 76 al 98 la población activa creció un 24% (más de tres millones de personas nuevas en el mercado de trabajo debido al crecimiento demográfico, la inmigración y la inclusión de la mujer en el mercado laboral) un incremento muy elevado para una fácil absorción, si además se tiene en cuenta que la tasa de aumento de la población activa siguió aumentando a un ritmo del 2,5% anual de 2000 a 2007 (en este caso debido fundamentalmente a la inmigración). Para absorber todo este aumento en la población activa se necesita de una economía mucho más dinámica que la pasada o la actual. Es necesaria una Política que fomente el empleo y no el desempleo pues las crisis son cíclicas (aunque sean por diferentes motivos es de esperar que ser repetirán en el tiempo) y no para todo son disculpa (consecuencias de crisis en España: 1976/85 crisis del petróleo un millón de desempleados, 1992/94 crisis especulativa del 93, 600.000 desempleados más).

La cuestión fundamental reside en observar las actuaciones de otros países de nuestro entorno con economías mucho más dinámicas que la nuestra y con tasas de desempleo muy inferiores y adaptar sus políticas de empleo al modelo español pues el tiempo ha dejado claro que las políticas de empleo españolas son nefastas para la economía y por tanto para sus ciudadanos.

Políticas que induzcan al ciudadano al trabajo y no a lo contrario.

Pues bien, el término cultura, etimológicamente hablando, proviene del latín “cultura”ppp. fem. del verbo “colere” – “cultivar, labrar, cuidar”, de raíz indoeuropea, y originalmente hacía referencia al trabajo en el campo (de donde proviene la palabra “agricultura”, siendo “ager” “campo”). También está emparentado con las palabras latinas “colonia” – “asentamiento” e “incola” – “habitante de un pueblo” o “agricola” – “habitante de un campo”. Pero no es hasta el siglo XIX cuando pasa a significar “educación” (“cultivo intelectual de una persona”) y, de un modo más amplio, “proeza intelectual de todo un pueblo o civilización”. Este significado del término se toma a través del alemán “Kultur”, hasta entonces, en español se empleaban otros sinónimos como erudición, extendido en los siglos XVII y XVIII. Como podemos observar, con el tiempo se empezó a comparar el espíritu de una persona ruda con un campo sin cultivar y su educación con el cultivo de ese campo. Esta metáfora dio pie a hablar de cultivo del alma, o cultivo de las aptitudes propias del ser humano. En este sentido hablar de una ser “cultivado” nos lleva a pensar en alguien que ha sido instruido o educado, en una “persona culta”. En el siglo XIX la palabra “cultura” fue asociada a las actividades lúdicas que las personas bien educadas realizaban en sus tiempos de ocio: leer novelas, escuchar conciertos, visitar exposiciones, asistir a conferencias, etc. Hoy en día se puede ver reflejada en las “secciones de cultura” de los periódicos y en los ministerios y consejerías de Cultura empeñados en conseguir una “cultura popular que permita extender la educación a todos los miembros de la sociedad. También desde hace tiempo se habla de la irrupción de una “cultura de masas”, transmitida por los medios de comunicación, que permite el consumo extensivo e inmediato de productos culturales de diversa calidad, desde aquellos que configuran el nivel de cultura superior, como la literatura, el teatro y la música clásica, hasta los que representan el nivel cultural más bajo, como los concursos, seriales , debates vulgares, es decir: “telebasura”, término que vendría a ser un disfemismo declarado, pero que expresa muy bien la calidad de estos programas.

Respecto a la llamada cultura mental, sería aquella que reside en cada individuo, depende de sus conocimientos, de la riqueza mental que posea y de sus capacidades específicas, como el poder adaptarse a cualquier medio de vida en el que se le deje, y también la capacidad creativa que le permite aventajar a cualquier otro animal en cualquier campo, mientras que la cultura material es aquella que se hereda o transmite a través de libros, objetos u oralmente. La cultura material sería dependiente de la cultura mental. Por lo tanto, las implicaciones significativas del término cultura se han ido ampliando a lo largo de la historia, así que sus nuevas aplicaciones y asociaciones a otras palabras no deben resultarnos extrañas, aunque, al menos desde un punto de vista crítico, sí “sospechosas”. (“Implicaciones sospechosas”, he aquí u nuevo disfemismo). Otros términos derivados de cultura son subcultura y contracultura. El primero a grupos sociales, que, insertos dentro de una misma sociedad y/o cultura, poseen alguna característica especial que les hace destacar frente al resto. Sin embargo, por contracultura entendemos a una tendencia seguida por un grupo que se rebela ante la cultura oficial propia de la sociedad a la que pertenece.

En este sentido también habría que destacar el carácter social de la cultura.

Por ello, la acuñación de un sintagma como el de “cultura del desempleo” no es, en apariencia, completamente “descabellada” (¿Nuevo disfemismo?). Ciertamente, considero erróneo, llamar cultura a una medida política y a su aplicación de forma reiterada en un período de tiempo, pues no estamos ante una capacidad propia de los individuos que forman la sociedad en quienes recae esta medida ni en un estado de erudición que les permita actuar de un modo u otro. La llamada “Cultura del desempleo” es algo impuesto desde el gobierno y las instituciones pertinentes, ni siquiera es un fenómeno en sí y, si lo fuera, se trataría de un fenómeno político o económico, no cultural (en cualquiera de los sentidos que ha ido tomando el término).

De este modo, cabe tildar de sospechosa a una expresión demasiado ambigua, que parece remitir a “algo”, quizá un sistema, quizá una situación, tal vez un problema, más amplio y difuso de lo que realmente es: La medida gubernamental consistente en pagar/mantener/subvencionar a los desempleados restando la inversión en la creación de empleo. Por lo tanto, esto no supone ningún tipo de cultura, lo que es más, el uso de este término implica que es algo intrínseco a los ciudadanos y se desculpabiliza a los promotores de la medida en cuestión, dando lugar a un desplazamiento de responsabilidad; se pretende hacer asumir que es algo propio de la sociedad española, algo arraigado y contra lo que no hay nada que hacer. Es preocupante que se asocie un término positivo, cargado de prestigio y significado histórico para atenuar el rechazo por parte del receptor mediante la perífrasis, la antonomasia, y la dignificación terminológica.

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