jueves, 22 de abril de 2010

"VÍZNAR" DE JOSÉ Mª CAMPS



1. Víznar, tragedia moderna.

Víznar o Muerte de un poeta (1961) forma parte del llamado teatro del Exilio y, por ello, presenta las complicaciones propias de este tipo de obras como son la disponibilidad de fuentes por parte del autor o la dificultad de llevar a cabo su estreno y representación en España. De hecho, según apunta José Rodríguez Richart en su ensayo Casona y el teatro del exilio, la obra de Camps tuvo en su momento una “escasa repercusión”.

Sin embargo, fue el exilio tras la Guerra Civil la circunstancia que permitió la proliferación de diversos estudios y obras literarias relacionadas con la figura de Federico García Lorca. Precisamente, la trágica muerte del poeta es tratada en el prefacio de Víznar, como el propio Camps indica, “en tono de reportaje”. Aunque más tarde se vayan descubriendo disimilitudes con los sucesos históricos, la intención del autor es mostrar estos tal como ocurrieron.

También en el mismo prefacio advierte Camps de lo ficcional de sus personajes: “He aquí una obra en la que todos los personajes teatrales son ficticios mientras la acción, en su conjunto, se atiene exactamente a la realidad. (…) La travesura de buscar reminiscencias sonoras o ideológicas con nombres de seres reales que intervienen en el drama debe tomarse como lo que es: una travesura de autor teatral, de escritor de ficciones.” En este sentido, el elemento trágico de la realidad supera con creces, como tantas veces, a cualquier tipo de ficción.

Por otra parte, tal afirmación del dramaturgo sugiere precisamente lo contrario. Además, tras leer la obra comprobamos cómo los personajes encarnan a diferentes instituciones (Guardia Civil, Iglesia, Gobierno) sobre las que se cierne una crítica vagamente velada.

De hecho, estos personajes con nombres reminiscentes a los de los participantes en los sucesos en torno a la muerte del poeta, conforman una serie de símbolos específicos a modo de alegoría propia de los autos sacramentales.

Podemos establecer además un paralelismo entre estos y algunas figuras evangélicas. Pues esta muerte de un poeta presenta una clara correspondencia con el calvario cristiano. Así, el papel que juegan los personajes es claramente simbólico.

Pese a ser casi planos, maniqueos, resultan esenciales para el desarrollo de la trama y para ofrecer una lección moral muy concreta.

La idea de que la muerte de Lorca es “un desgraciado accidente” queda desechada según se van presentando las motivaciones personales de los personajes cómplices.

Estos “confesables motivos de un crimen inconfesable se dividen en tres ejes fundamentales:


1. Por un lado, el padre Carmona confiesa en su diálogo con Gabriel al final del primer acto la envidia que siempre ha sentido por el poeta:


<<PADRE.- (Después de reflexionar unos momentos, fríamente, como quien habla de algo que no le atañe.) Por envidia. Por simple y pura envidia. Por envidia miserable. Porque es un gran poeta. Porque me duele sentir, saber, sin género de dudas, que él es un gran poeta.>>


2. El segundo motivo principal es el despecho, encarnado en la figura de Gabriel Salcillo (trasunto del pintor granadino Gabriel Morcillo):


<<GABRIEL.- Desprecios. Despechos (…) ¡Yo hubiera dado la vida, en otros tiempos, por él, hubiera accedido aunque sólo fuera a un poco de atención, de tolerancia, de…>>


3. El tercer motivo, el más importante de los tres, es algo tan simple como un profundo temor escondido en el alma de todos los personajes “negativos”. Un temor ante la personalidad arrolladora del poeta, ante su crítica y ataque a la Guardia Civil, ante la exquisitez de su pensamiento, ante su pureza. Una pureza de corazón que hacía empequeñecer a sus detractores.

Es por ello, el temor a ser descubiertos, de estos últimos lo que va a hacer que se abalancen sobre él, que lo crucifiquen por aquellos pecados, aquella vileza que los caracteriza. Es este el mismo temor atávico de quienes condenaron a Cristo.

Los personajes que podemos agrupar bajo este posicionamiento son Ramón Blas Farías y el comandante Valle.

Es destacable el simbolismo del tricornio, tan usado por el poeta en su poesía como augurio de la violencia perpretada por los guardia civiles.

Como contraposición a este bloque de personajes, encontramos el formado por Soledad y Clarita. La primera es el personaje más fuerte, decidido y activo de las dos. Clarita es, por otra parte la más vulnerable, pura e inocente, víctima también de la violencia hacia su familia. No en valde, suele llamarla Ramón <>.

Estos personajes femeninos constituyen la única defensa truncada del poeta en un claro paralelismo con las Sagradas Escrituras. Son ellas las “santas mujeres” de Lorca, tal como apunta Mariano de Paco en su artículo “Víznar, de José María Camps: condena, pasión y muerte de Federico García Lorca”.

En cuanto a Luís Flores, su ausencia durante casi toda la obra es aprovechada para capturar al poeta, así que, cuando aparece en escena tras la victoria de Loja y la muerte de Federico, sólo puede actuar como “mensajero” de la deposición del comandante de la que se desprende una valiosa lección moral.

Como sabemos – y de esta manera enlazo con el título del epígrafe-, este ejemplificamiento, el castigo final al malvado, es uno de los elementos fundamentales de la tragedia griega, especialmente a la manera de Séneca. Y es que Víznar, cuya primera presentación fue también mediante su lectura por parte del autor (1961), está estructurada de tal forma que, aun conociendo el final de la trama, o, precisamente por conocerlo, el lector/espectador queda abocado al fondo del más puro drama.

Las reminiscencias evangélicas o alegóricas son otro más de los recursos usados por el autor para hacer de los personajes paradigmas del resto de los mortales, mostrando al público la injusticia, la violencia, la maldad…las causas y consecuencias de una guerra fratricida.

Si bien, como acabamos de ver, Víznar posee todo el simbolismo y la alegoría de un auto sacramental desacralizado, su propio argumento, la angustia que nos genera el desarrollo de la trama hasta llegar a la catarsis final, hacen de esta obra un verdadero ejemplo de tragedia moderna.


Violeta Sáez

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