domingo, 9 de mayo de 2010

LENGUAJE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS

4. Manipulación a través del lenguaje:

El lenguaje es, como suele decirse, un arma de doble filo. Un instrumento del ser humano que cumple diferentes funciones según el uso que se haga de él. En el caso de los medios de masas, el lenguaje que se utiliza se encuentra desconectado de la cotidianeidad, suele resultar dificultoso o ambiguo para el receptor. Este receptor es el público socializado, la masa social, un ente colectivo despersonalizado que debe enfrentarse a un lenguaje manipulado y manipulador.

Si bien es cierto que una de los principales propósitos de los medios es informar al receptor de algo, no podemos obviar el carácter prevaricador de la lengua ni omitir que la principal razón de ser de la Retórica es precisamente el propósito de persuadir al receptor.

Merece pues, prestar atención a los diferentes usos del lenguaje, estudiados desde Aristóteles en la época clásica pasando por filósofos del lenguaje como Wittgenstein a Austin o Searle.

Para Antonio Berrio, estos usos imperativos del lenguaje son: convencer, persuadir, manipular, informar, emocionar, formalizar y prescribir.

En nuestra época, podemos encontrar que, dentro del lenguaje mediático, unos usos prevalecen sobre otros. Por ejemplo, la manipulación, la persuasión, el afán de emocionar al espectador, de subyugarlo para obtener audiencia priman en detrímetro de la información, del contenido cultural y el tratar de convencer de algo al receptor con argumentos racionales.

La confusión en el lenguaje y su consecuente degradación de la comunicación hacen mella, no sólo en el individuo receptor sino en el conjunto de la sociedad. Por ello, hay que diferenciar los distintos usos linguísticos empleados y el efecto que se busca producir con ellos.

La persuasión y la manipulación son los principales modos de significar que podemos encontrar en el mensaje mediático.

Manipular es dominar la voluntad de un grupo usando herramientas que no apelen a criterios racionales sino a lo emotivo o, si se usan criterios lógicos, es siempre al servicio de unos propósitos determinados.

Actualmente, si analizamos el discurso periodístico, político, publicitario y comercial, vemos que los principios básicos de la comunicación y de la información se tambalean. Estamos hablando de máximas clásicas como el principio de veracidad y claridad comunicativa o el uso apropiado de las palabras.

Este tipo de lenguaje manipulador opera sobre nuestros centros de decisión para inducirnos a tomar las decisiones que favorezcan los propósitos de unos emisores determinados. Con frecuencia, estos propósitos no son los de informar objetivamente al receptor ni engrandecerlo con contenidos culturales.

El lenguaje mediático usado en el discurso político o comercial suele ser de carácter manipulador y se vale de frases cortas, ambiguas, emitidas con rapidez, sin dar tiempo a la reflexión. Para ello no se detiene nunca a analizar los conceptos, muchos se obvian.

Al no profundizar en el contenido del mensaje, los receptores son proclives a darlo por válido.

El receptor del mensaje emitido por los medios debe analizar el mismo, debe ser consciente de su ambigüedad y de su estrategia comunicativa. Para ello es necesario ofrecer claves sobre el funcionamiento de la lengua que nos permitan reconocer este tipo de manipulación mediática.

Es necesario mantener una postura crítica ante el bombardeo comunicativo que caracteriza nuestra sociedad.

Se trata de actuar como receptores conscientes, cualificados e informados.

De esta forma, el receptor pasaría a ser un participante activo del acto comunicativo en favor de una comunicación eficaz y de calidad.

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